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domingo, 15 de febrero de 2015
El inicio de la seducción
Esas mujeres -como Betsabé, del antiguo testamento; Helena de Troya; la sirena Hsi Shi, y la más grande de todas, Cleopatra- inventaron la seducción. Primero atraían a un hombre por medio de una apariencia tentadora, para lo que ideaban su maquillaje y ornamento, a fin de producir la imagen de una diosa hecha carne. Al exhibir únicamente indicios de su cuerpo, excitaban la imaginación de un hombre, estimulando así el deseo no sólo de sexo, sino también de algo mayor: la posibilidad de poseer a una figura de la fantasía. Una vez que obtenían el interés de sus víctimas, estas mujeres los inducían a abandonar el masculino mundo de la guerra y la política y a pasar tiempo en el mundo femenino, una esfeera de lujo, espectáculo y placer. También podían literarlmente descarriarlos, llevándolos de viaje, como Cleopatra indujo a Julio César a viajar por el Nilo. Los hombres se aficionanban a esos placeres sensuales y refinados: se enamoraban. Pero después, invariablemente, las mujeres se volvían frías e indiferentes, y confundían a sus víctimas. Justo cuando los hombres querían más, les eran retirados esos placeres. Esto los obligaba a perseguirlas, y a probarlo todo para recuperar los favores que alguna vez habían saboreado, con lo que se volvían débiles y emotivos. Los hombres, dueños de la fuerza física y el poder social -como el rey David, el troyano Paris, Julio César, Marco Antonio y el rey Fu Chai-, se veían convertidos en esclavos de una mujer.
En medio de la violencia y la brutalidad, esas mujeres hicieron de la seducción un arte sofisticado, la forma suprema del poder y la persuasión. Aprendieron a influir en primera instancia en la mente, estimulando fantasías, logrando que un hombre siempre quisiera más, creando pautas de esperanza y desasosiego: la esencia de la seducción. Su poder no era físico sino psicológico; no enérgico, sino indirecto y sagaz. Esas primeras grandes seductoras eran como generales que planeaban la destrucción de un enemigo; y, en efecto, en descripciones antiguas la seducción suele compararse con una batalla, la versión femenina de la guerra. Para Cleopatra, fue un medio para consolidar un imperio. En la seducción, la mujer no era ya un objeto sexual pasivo; se había vuelto un agente activo, una figura de poder.
Extracto de "El arte de la seducción", de Robert Greene.
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